Música: el arte como herramienta para aprender y unir a la comunidad

Cuando un niño toma por primera vez un instrumento, sucede algo que trasciende el aprendizaje de una habilidad artística. El lugar que ocupa la música a nivel neurobiológico es impresionante, pues se ha estudiado que las mismas áreas que responden a la música son también las que dan sentido al lenguaje, lo que ha llevado a los expertos a preguntarse si ambas capacidades surgieron juntas o si, por el contrario, comparten un origen común, como reconoce Francisco José Rubia Vila en su artículo “Bases neurobiológicas de la música”. No por nada se conoce a esto como “musilenguaje”. 

Pero el poder de esta disciplina artística trasciende nuestra estructura cerebral, se trata de un potente cohesionador social. Además, disfrutar profundamente de la música y sentirla como algo gratificante puede estar vinculado a una mayor sensibilidad social.

La música teje comunidades

Quizá el impacto más fascinante de la música se manifiesta cuando se practica en grupo. Un estudio reciente publicado en la revista Psychology of Music evaluó, con una muestra de 162 estudiantes de dos escuelas primarias de Valencia, los efectos de proyectos musicales participativos. Los resultados fueron concluyentes y se observó que en un contexto socialmente vulnerable y con alta diversidad cultural, el proyecto musical mejoró significativamente la unión grupal y las actitudes hacia la diversidad. Estos datos confirman que la música puede ser una herramienta muy eficaz para fortalecer vínculos en entornos desafiantes.

Ciudades como l’Hospitalet de Llobregat (España) y Aarhus (Dinamarca) han convertido sus escuelas de música en motores de cambio social gracias al proyecto ONSTAGE, una red de conocimiento impulsada por el programa URBACT. Estos centros, que en sus orígenes tenían un perfil más elitista y orientado a la excelencia interpretativa, abrieron sus puertas a migrantes, minorías y familias de todos los orígenes, adoptando un enfoque comunitario e inclusivo.

La música se convirtió en un lenguaje común donde las diferencias dejaron de ser barreras para transformarse en riqueza. El modelo ha servido de inspiración para que otras ciudades europeas reorienten sus políticas culturales, priorizando la transformación social, el bienestar colectivo y la creación de comunidad por encima de los criterios tradicionales de excelencia artística, lección que demuestra que, cuando la música suena en conjunto, su resonancia va mucho más allá de las notas.

México: la música como herramienta de paz y cohesión social

En México, el Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM) promueve la educación musical colectiva como una herramienta social, formación profesional y fortalecimiento comunitario para niñas, niños y jóvenes en todo el país. Dicha plataforma busca fomentar valores como la disciplina, el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia a nivel nacional. Por su parte, hace tan solo unos meses, en Jalisco, la Secretaría de Cultura estatal, mediante el programa ECOS, Música para la Paz ha expandido su red a 55 núcleos comunitarios distribuidos en 46 municipios, atendiendo a más de 2,200 estudiantes con formación gratuita en guitarra y coro, y ha derivado en agrupaciones estatales como la Orquesta Sinfónica ECOS Jalisco y la Banda Sinfónica Estatal. En Hidalgo, Semilleros Creativos ha destinado más de 6.5 millones de pesos y entregado 275 instrumentos musicales para integrar cinco agrupaciones en comunidades con altos índices de vulnerabilidad, beneficiando directamente a 129 niñas y niños .

Pese a estos avances, el acceso efectivo a la educación artística sigue teniendo como obstáculo principal una serie de desigualdades territoriales. Es verdad que los Semilleros Creativos operan en territorios que comparten características comunes, como rezago social, escasa infraestructura cultural, altos índices de violencia o migración, así como falta de oportunidades educativas y laborales para la juventud. Sin embargo, la cobertura en zonas rurales y de alta marginación persiste como un profundo desafío, ya que la concentración de recursos y programas en áreas urbanas limita el impacto en comunidades indígenas y apartadas. Iniciativas como el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (CECAM) en Oaxaca, fundado en 1977, han demostrado que es posible ofrecer educación musical gratuita y con enfoque comunitario en contextos rurales, pero estos modelos requieren recursos sostenidos, una alta participación de la sociedad civil y políticas que integren la educación musical en el sistema escolar para garantizar acceso equitativo en todas las regiones del país.

Educación musical contra el rezago: la apuesta de Fundación Valle La Paz por la niñez y juventud mexiquense

La integración y permanencia de proyectos de formación musical en las escuelas públicas permiten constatar un hecho que los números suelen ocultar, el arte, cuando echa raíces en el territorio, no solo forma músicos, sino que teje comunidad, restaura vínculos y enciende una forma de pensamiento fuera de las mediciones estandarizadas. 

Con el interés de fortalecer el desarrollo infantil y juvenil de comunidades distantes de los centros urbanos, el Programa de Música de Valle La Paz aspira a abrir caminos para la equidad, la salud y el bienestar individual y colectivo a través de la educación artística centrada en el canto, la guitarra y el ukulele. Buscamos llevar la experiencia estética al corazón de la resistencia cotidiana, justo  donde el acceso a la cultura suele llegar tarde, mal o nunca.

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