El inglés en las aulas mexicanas, una asignatura pendiente que la política educativa no logra aprobar

  • A pesar de que el PRONI cumple una década operando, solo una fracción mínima de los estudiantes alcanza el dominio esperado.
  • El Estado de México reparte materiales, pero la brecha entre el diseño curricular y el aprendizaje real sigue siendo la regla, no la excepción.

La enseñanza del inglés en la educación básica mexicana arrastra una contradicción que el paso de los años no ha resuelto. La obligatoriedad de la asignatura existe desde 2009, pero su implementación efectiva sigue siendo marginal. Por otro lado, el Programa Nacional de Inglés (PRONI), implementado desde 2016 como sucesor del PNIEB, opera anualmente con el objetivo de fortalecer las capacidades de las escuelas públicas para la enseñanza del idioma. Sin embargo, los números oficiales revelan una realidad muy distinta.

Un programa con metas y limitaciones

De acuerdo a la Secretaría de Educación Pública (SEP), el PRONI tiene una cobertura proyectada de apenas 12.30% de las escuelas públicas del país y espera beneficiar a un 23.17% de los estudiantes. Las metas de aprendizaje son aún más restrictivas, pues solo se prevé que 1.15% de los alumnos de sexto grado alcance el nivel A2 en expresión oral y apenas un 0.35% obtenga una certificación A2 cuando el currículo prevé que deberían egresar con al menos un nivel B1.

La explicación oficial apunta a una combinación de factores, entre ellos, clases insuficientes, metodologías tradicionales y un sistema que no ha logrado traducir sus objetivos curriculares en aprendizajes reales. Las evaluaciones internacionales confirman el diagnóstico, en el Índice EF de Dominio del Inglés 2025, México ocupa el puesto 103 de 123 países, con un nivel calificado como “muy bajo” y una puntuación de 440, por debajo del promedio global de 488. En América Latina, nuestro país se ubica en el último lugar entre las 20 naciones evaluadas.

Un reportaje de El País publicado en marzo de 2025 ofrece una radiografía aún más cruda. Citando a la propia SEP, el diario español revela que el 79% de los alumnos tienen un desconocimiento total del idioma, mientras que solo el 12% de los mexicanos es capaz de comunicarse eficazmente en inglés, según datos de la Consultora Mitofsky retomados por el reportaje. México se ubica en el penúltimo lugar de Latinoamérica en dominio del inglés, solo por encima de Haití y el índice de Education First lo coloca en el puesto 88 de 111 países evaluados.

Asimismo, de acuerdo a las cifras reportadas en el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, entre los ciclos escolares 2024-2025 y 2025-2026, el PRONI redujo su cobertura en un 9.4%, dejando de atender a 460 mil 100 estudiantes y reportando una pérdida de 5 mil 233 docentes y asesores educativos especializados.

Estado de México: los límites de la cobertura 

En el Estado de México la estrategia más visible ha sido la distribución de material didáctico complementario. En febrero de 2026, el gobierno estatal entregó recursos impresos y digitales (libros, cancioneros, diccionarios, tarjetas didácticas y materiales interactivos) con una inversión superior a 3 millones de pesos, beneficiando a 2,030 escuelas, 2,837 docentes y 383,523 estudiantes de preescolar, primaria y secundaria.

Sin duda, contar con los materiales adecuados favorece el proceso de enseñanza-aprendizaje, integrando esta lengua desde edades tempranas, no obstante, la cifra de beneficiarios, aunque significativa, representa una fracción del universo total de estudiantes mexiquenses. Además, el material didáctico, por sí solo, no resuelve la falta de docentes especializados y la ausencia de continuidad curricular.

Poco personal y políticas fragmentadas

El déficit de profesores de inglés es el obstáculo más citado en los diagnósticos. Mexicanos Primero, señala en su informe “Sorry. El aprendizaje del inglés en México” que “en México, ser maestra, maestro de inglés, suele traer consigo una condición complicada y ambivalente. Por un lado, precisamente por estar dedicados a un área que no ha sido el fuerte de la población en general, les es reconocido de entrada un cierto estatus, en el contexto de la profesión en general y del colectivo docente en particular, pues implica un dominio académico diferenciador o la experiencia en competencias poco compartidas.”

En cuanto al personal capacitado, la organización evidencia una debilidad central, la cual consiste en que, aunque los docentes del Programa Nacional de Inglés (PRONI) poseen un alto dominio del idioma (nivel B2 o superior, con certificaciones), la mayoría carece de formación especializada en la enseñanza del inglés a niños en contextos de lengua extranjera. Esta carencia se traduce en una brecha entre el discurso oficial sobre la evaluación del aprendizaje y la práctica real en el aula, pues los profesores no cuentan con las herramientas pedagógicas y didácticas necesarias para implementar los enfoques evaluativos que la política propone, lo que revela que el dominio lingüístico no basta para garantizar una enseñanza y evaluación efectivas en primaria.

Por otro lado, en términos de las políticas públicas, el estudio señala que el PRONI no contempla adecuadamente las condiciones contextuales reales de las aulas, entre ellas la falta de tiempo (los docentes atienden entre diez y doce grupos de unos cuarenta estudiantes cada uno, los grupos numerosos, impidiendo una atención y evaluación individualizadas) y el multinivel de competencia en inglés dentro de un mismo grupo. Este desajuste entre el diseño de la política y la realidad escolar dificulta la evaluación, genera actitudes negativas en los estudiantes hacia esta herramienta y se ve agravado por una cobertura sumamente limitada.

El inglés como llave económica y de movilidad

La urgencia de cerrar esta brecha no es meramente pedagógica. El dominio del inglés se ha convertido en un requisito para acceder a empleos mejor remunerados. El impacto económico es cuantificable porque el “capital lingüístico” aportado por el inglés equivale a miles de millones de dólares anuales en el sector de servicios de nuestro país. En ese sentido, una persona calificada para un empleo que no sabe inglés está en desventaja. 

Desde la perspectiva del desarrollo cognitivo, la evidencia respalda la enseñanza temprana. Michelle Míguez Gutiérrez, docente de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), señala que iniciar la instrucción en niveles básicos favorece una mayor retención de vocabulario y una pronunciación más natural, potenciando las posibilidades de alcanzar competencias lingüísticas más sólidas.

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