La infancia es una etapa crucial donde se define gran parte del potencial humano. Para que los niños y niñas crezcan plenamente, no basta con cubrir sus necesidades básicas. Es necesario garantizar un desarrollo integral que abrace tanto la salud física como el acceso a la educación, una alimentación adecuada y, algo que a menudo se subestima, el derecho a la cultura y el arte.
Salud y alimentación: el pilar de todo aprendizaje
El derecho a la salud y a una nutrición adecuada es la base sobre la cual se construye cualquier otro aprendizaje. Quien tiene hambre o padece alguna enfermedad ve limitadas sus oportunidades de explorar el mundo. Es obligación del Estado trabajar para que cada niño goce del nivel más alto posible de salud y cuente con un estado nutricional óptimo. No obstante, el acceso a una alimentación saludable presenta diversos obstáculos en México, pues la cultura alimentaria se ve seriamente influenciada por lo que se oferta en el mercado y es limitada por la desigualdad.
No se trata solo de tratar enfermedades, sino de prevenir mediante una alimentación balanceada que permita el desarrollo cognitivo y sensorial. Sin embargo, las cifras en México muestran una realidad que exige atención urgente. Entre 2022 y 2023, la mortalidad en menores de cinco años aumentó un 5.2%, alcanzando 16 defunciones por cada mil nacidos vivos, con los registros más altos en Tlaxcala, Michoacán y Morelos. Al mismo tiempo, la desnutrición crónica —medida a través de la baja talla— creció de 12.8% a 13.9% en un solo año, afectando al 16.9% de los niños en zonas rurales y al 27.4% en hogares indígenas.
Pero el problema no termina ahí. México enfrenta una paradoja silenciosa, mientras persiste la desnutrición, el sobrepeso y la obesidad infantil han colocado al país en el octavo lugar mundial en número de niños y adolescentes afectados, con más de 13 millones de casos. Entre los estudiantes de 5 a 11 años, el 36.5% vive con exceso de peso; entre adolescentes de 12 a 19 años, la cifra asciende a 40.4%. Esta doble carga de malnutrición se manifiesta desde los primeros meses de vida. La Encuesta Nacional de Salud (ENSANUT) 2023 reveló que, entre los niños de 6 a 23 meses, uno de cada dos consume bebidas azucaradas, cuatro de cada diez ingieren alimentos ultraprocesados y uno de cada cuatro no come frutas ni verduras.
Detrás de estas cifras hay una barrera estructural que se manifiesta en el acceso limitado a alimentos saludables. Una consulta nacional con más de 125 mil participantes encontró que el 37% de las niñas, niños y adolescentes enfrentan dificultades para acceder a una buena alimentación, y para el 45.8% de ellos, la falta de dinero es el principal obstáculo. Así, lo que está en juego no es solo la salud física, sino la posibilidad real de que cada infancia pueda crecer, explorar y aprender en plenitud. Porque un cuerpo bien nutrido no es un privilegio, es el cimiento de todos los demás derechos.
Educación: más que aulas, oportunidades reales
En paralelo, la educación formal es reconocida globalmente como una herramienta de transformación. La Convención sobre los Derechos del Niño establece en su artículo 29 que la educación debe estar encaminada a “desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades”. Esto implica ir más allá de la memorización, fomentando el pensamiento crítico y la creatividad. En el contexto mexicano, esta visión enfrenta desafíos estructurales profundos: de acuerdo con el Índice de Progreso Social 2021, el acceso a educación superior en México se ubica por debajo de la media global, con brechas alarmantes entre entidades como la Ciudad de México y estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca. La pandemia exacerbó estas desigualdades, según el INEGI, 5.2 millones de estudiantes no se inscribieron al ciclo 2020-2021, y estudios del CEEY advierten que la pérdida de aprendizaje podría traducirse en hasta dos años de rezago.
Frente a este panorama, México ha mirado experiencias como la finlandesa, firmando un acuerdo de cooperación en 2019 que ha influido en la Nueva Escuela Mexicana. Sin embargo, especialistas como Gabriel Heller Sahlgren señalan que importar modelos sin considerar el contexto local puede ser contraproducente, pues el éxito finlandés no dependió exclusivamente de sus reformas progresistas, sino de factores estructurales y culturales. La lección para México, como sostiene el CONEVAL, es que “lo que se mide se puede mejorar”; por ende, sin sistemas robustos de diagnóstico y evaluación adaptados a la realidad nacional, cualquier intento de transformación educativa corre el riesgo de quedarse en una aspiración sin rumbo.
Cultura: un derecho que inspira y da sentido
Sin embargo, existe un cuarto pilar que a menudo pasa desapercibido pero es igual de vital: el derecho a la cultura. El juego, el arte, la literatura y la música no son meros entretenimientos. Como lo señala la Estrategia De Cero a Siempre, el acceso a la cultura es un “fundamento transversal” para el desarrollo, al igual que la salud o la educación. A través de una canción o de un cuento, los niños procesan sus emociones, fortalecen sus vínculos afectivos con los adultos y construyen su identidad.
En México este derecho adquiere una relevancia fundamental. La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, publicada en 2014, reconoce en su artículo 13 el derecho al descanso, al esparcimiento y a la libertad de convicciones éticas, pensamiento, conciencia, religión y cultura. Esta disposición se fortaleció con la reforma constitucional de 2011, que elevó los derechos de la infancia a rango constitucional alineando la legislación nacional con la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por México en 1990.
No obstante, el contexto mexicano muestra brechas importantes. De acuerdo con datos de UNICEF para 2014, el 55% de las niñas y niños mexicanos de entre 2 y 5 años vivían en pobreza, y solo el 42% de los menores de 3 años asistían a la escuela. Estas carencias limitan el acceso a experiencias culturales durante la primera infancia.
La Estrategia De Cero a Siempre, originaria de Colombia, ofrece lecciones valiosas para otros contextos como el mexicano. Esta política pública ha demostrado que es posible una articulación intersectorial entre salud, educación y cultura, logrando entregar más de 8 millones de libros y materiales audiovisuales especializados, además de crear cientos de salas de lectura y espacios recreativos. México ha avanzado en esa dirección con la creación del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, conocido como SIPINNA, que coordina los esfuerzos gubernamentales para garantizar todos los derechos de la infancia, incluido el acceso a la cultura.
La evidencia internacional respalda esta visión. Investigaciones en América Latina indican que el desarrollo infantil temprano debe medirse en dimensiones como la motricidad fina y gruesa, el aspecto socioemocional, el lenguaje y la cognición. El arte y la cultura no son accesorios, sino vehículos privilegiados para estimular cada una de estas áreas, especialmente en contextos de vulnerabilidad donde el juego y la expresión artística se convierten en herramientas de resiliencia.
Por lo tanto, garantizar el derecho a la cultura en la primera infancia mexicana exige no sólo su reconocimiento legal, sino asegurar que las bibliotecas públicas, los centros comunitarios, los espacios recreativos y los programas artísticos lleguen a los hogares y comunidades con mayores rezagos. Solo así el fundamento transversal se transformará en una realidad cotidiana para cada niña y cada niño del país.
Por eso te invitamos a sumarte
Te invitamos a dar el primer paso. Tal vez aún no donas, o quizá nunca lo habías considerado porque no llegaba el momento ni el proyecto adecuado. Pero existe una forma concreta, transparente y real de ayudar a que más niñas, niños y adolescentes accedan a estos cuatro derechos. No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas decisiones que, al sumarse a las de otras personas, transforman comunidades enteras.
Únete a esta causa que brinda herramientas de bienestar integral a estudiantes de escuelas rurales de Valle de Bravo.