¿Sabías que el Valle de Bravo que recibe cada fin de semana a miles de turistas esconde una realidad de profunda desigualdad? Detrás de la postal de lagos y montañas, comunidades enteras carecen de lo más elemental.
El contraste entre la promoción turística de alto nivel y las condiciones de vida de los habitantes, especialmente en zonas rurales y periféricas, es abismal. Según el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2025 del municipio de Valle de Bravo (elaborado por el CONEVAL con base en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del INEGI), el 27.7 % de la población se encuentra en situación de vulnerabilidad por carencias sociales. En el mismo documento se reporta que, aunque la cobertura de servicios básicos ha mejorado, persisten rezagos significativos en localidades rurales, donde el acceso a agua entubada y drenaje sigue siendo limitado.
La brecha también es educativa, pues según el portal Data México, en 2020 la tasa de analfabetismo en Valle de Bravo fue del 6 %, con un claro sesgo de género, donde el 60 % de las personas analfabetas son mujeres. Esta problemática no es exclusiva del municipio, pero sí se concentra en la región. Santiago Medardo Jaimes Corona, coordinador del INEA en la zona, señaló en el mismo año que Tejupilco, Valle de Bravo y Villa de Allende encabezan los índices de adultos sin alfabetizar. A esto se suma que la mayoría de los estudiantes abandonan sus estudios al llegar a secundaria, perpetuando así el rezago.

Estas carencias se agravan en localidades alejadas como La Huerta San Agustín, Mesa Rica y El Manzano, donde desde 2010 implementamos un modelo de colaboración directa. Es gracias a la ingeniería social con métricas claras y rendición de cuentas como, en la actualidad, es posible cambiar el rumbo de las nuevas generaciones que crecen en estas localidades. Hoy, 350 niñas, niños y jóvenes que estudian ahí participan en nuestros programas de salud, nutrición, educación y música. Renovamos ocho comedores escolares, servimos 39,000 desayunos y más de 46,000 almuerzos al año, y monitoreamos indicadores clave como talla, peso y hemoglobina cada semestre. También impulsamos asambleas de paz y brindamos laboratorios STEM en escuelas de preescolar, primaria, secundaria y bachillerato de estas localidades; y mantenemos un Coro Comunitario que estimula el uso de la voz como herramienta de expresión y conexión.

Nuestro impacto se mide, se evalúa y se ajusta cada año con base en la evidencia obtenida mediante nuestros diversos proyectos. Sabemos, por ejemplo, que cada peso invertido en nutrición infantil puede generar un ahorro de hasta 166 dólares en costos de salud y asistencia social a futuro. También tenemos claro que un año adicional de escolaridad no solo incrementa los ingresos familiares, sino que amplía horizontes, abre puertas, rompe ciclos de pobreza y transforma trayectorias de vida. Esta es la materia prima con la que estamos construyendo futuros posibles.
Tú puedes ser parte de esta transformación. Cada aportación, sin importar su monto, es un eslabón en una cadena de oportunidades y lo mejor es que el 95 % de tu donativo se destina directamente a los proyectos operativos; la transparencia no es solo un valor para nosotros, es el sostén sobre el que construimos tu confianza y los cimientos de mejores oportunidades.
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